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Marsilio de Padua (c. 1275 – 1342-43) fue un filósofo italiano, pensador político, médico y teólogo. Nació en Padua de una familia de jueces y notarios. Completó sus estudios en la universidad de París en la facultad de Artes liberales donde fue condecorado con la autoridad de rector en 1313.

La obra de Marsilio de Padua titulada “El Defensor de la paz” (1324) está considerada el tratado político más importante y original de la Edad Media de Occidente y de ella se ha dicho que puede servir no sólo como inspiración, sino como una guía para la teoría política contemporánea.

Este tratado se llamará “El Defensor de la paz”, porque en él se tratan y se explican las principales causas por las que existe y se conserva la paz civil o tranquilidad, y también las causas por las que surge, se impide y se suprime su contrario, la contienda.

“El Defensor de la paz” está concebido como una contribución teórica a la paz, basada en el razonamiento, y puede considerarse también un llamamiento a la movilización para restablecer la paz, e incluso una convocatoria de apoyo al protector de la paz, para consolidarla una vez se logre.

“El Defensor de la paz” empieza con unas palabras de Casiodoro, que ponen la tranquilidad como la aspiración política de cualquier reino:

“Sin duda, todos los reinos deben desear la tranquilidad, en la cual los pueblos progresan y se asegura el interés de las naciones. Pues, en efecto, ésta es la madre de las buenas artes…. Y quien no ha hecho nada para procurar la paz, demuestra que ignora lo más importante”.

La paz de la que habla Marsilio no es tanto la ausencia de ataques externos, sino que ha de ser entendida como el orden social interno. Porque tranquilidad e intranquilidad no son la paz y la guerra en el sentido del enfrentamiento de unos pueblos contra otros. El conflicto que Marsilio propone considerar y resolver remite al orden o desorden interior y la guerra civil.

Para Marsilio la paz incluye el concepto de protección y de seguridad, pero también la idea de comunidad de destino construida entorno al “derecho”, al buen derecho antiguo o consuetudinario. La antítesis de la situación de derecho respetado es la declaración de hostilidad que implica violar el derecho y acarrea el deber de restablecer el derecho lesionado. En este significado se trata de un concepto de paz más jurídico y práctico que filosófico.

Este planteamiento de la paz o búsqueda de la tranquilidad a través del derecho, Marsilio lo elabora de la siguiente manera:

“Son, pues, como dijimos, excelentes los frutos de la paz o la tranquilidad, y de la contraria discordia intolerables los males: por lo cual debemos desear la paz, buscarla si no la tenemos, encontrada guardarla, y con todo el empeño rechazar la contraria discordia. A ella cada uno de los hermanos ha de contribuir, y mucho más las agrupaciones y comunidades entre sí, tanto por el afecto de la caridad como por el vínculo o el derecho de la sociedad humana”.

El futuro derecho a la paz va en la línea del planteamiento desarrollado por Marsilio, al otorgar a la paz un papel puramente funcional, la cual está destinada a conseguir la felicidad civil. Dicha concepción es contraria a la tradición medieval, la cual daba a la paz un valor fundamentalmente ético. Según Marsilio, la paz indica el orden político derivado de las leyes que regulan la vida de la ciudad y permiten fraguar un destino común.

La paz no significa sólo ausencia de guerra, sino también imperio de la ley. Así Marsilio concibe la comunidad como el lugar del intercambio e identifica la paz con que no se impida la acción y comunicación perfecta entre las partes.

Esta teoría de la paz descansa sobre una concepción acerca del origen de la ley y del gobierno. La ley y el derecho es anterior al gobernante, por esta razón todos los regímenes rectos contemplan su sujeción al imperio de la ley. El gobernante no está “sobre” y libre “de” la ley, como sostenía la doctrina imperial, en Roma, y como va a sustentarse en la teoría política y el derecho constitucional de la monarquía absolutista. Pero si esto es así, ¿quién es el supremo legislador del cual emana la ley?

El legislador, según Marsilio, es el pueblo. Esta tesis le atribuye al pueblo, en lenguaje post-medieval, el principio de la soberanía.

Fuente: Paz sin Fronteras