Alexander_and_Aristotle

Aristóteles era un filósofo griego y científico nacido en la ciudad de Stagira, Chalkidice, en la periferia norteña de la Grecia clásica. Sus escritos abarcan muchos temas -incluyendo física, biología, zoología, metafísica, lógica, ética, estética, poesía, teatro, música, retórica, lingüística, política y gobierno- y constituyen el primer sistema integral de la filosofía occidental. Poco después de la muerte de Platón, Aristóteles abandonó Atenas y, a petición de Felipe II de Macedonia, fue el tutor de Alejandro Magno en 343 a.c.

Su visión sobre la ciencia física influyó de manera decisiva en el medievo. Su influencia se extendió desde la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media hasta el Renacimiento. En la metafísica, el aristotelismo influyó profundamente en el pensamiento filosófico y teológico judío e islámico durante la Edad Media. Aristóteles era bien conocido entre los eruditos medievales musulmanes, e incluso se le bautizó como “El Primer Maestro”.

Aunque Aristóteles nunca escribió un tratado sobre la paz, en su obra podemos encontrar una importante elaboración de aquellos elementos necesarios que contribuyen a crear un estado de paz civil, tal como la necesidad de promover la amistad, el diálogo, la democracia, el estado de derecho, la ley y la felicidad.

En su libro sobre la “Política” destaca que la ciudad es el espacio natural del hombre, lo cual le convierte en un animal político o civil. Además, reconoce que aquellas personas las cuales no están integradas en la vida social de la ciudad son más proclives a la guerra.

“Mas la compañía que se compone de muchos barrios es la ciudad, la cual, hablando sumariamente, es para sí perfecta y bastantemente suficiente, y se juntó por fin del vivir con mayor comodidad. Por esto, toda ciudad es compañia natural, pues lo son los elementos de que se compone. De aquí se colige claramente que la ciudad es una de las cosas más naturales, y que el hombre, por su naturaleza, es animal político o civil, y que el que no vive en la ciudad, esto es, errante y sin ley, o es mal hombre o es más que hombre, como aquel a quien vitupera Homero con estas palabras:

Hombre sin ley, sin suerte, sin morada.

Porque el que tal es, junto con esto de su natural es hombre amigo de guerra, como hombre que a ningún yugo está sujeto, sino suelto como gavilán“.

También destaca en su libro de la “Política” que “… todo ha sido hecho para el servicio del hombre. Por esto, el arte militar, en cierto modo, es arte de poseer ; pues lo es el arte de cazar, que es parte de ella…“. En dicha dirección, Aristóteles reconoce que el origen de la guerra se encuentra en la voluntad del poderoso de arrebatar las haciendas de los demás.

Respecto al mejor régimen político que debe regir las relaciones entre los hombres, Aristóteles destaca que es la democracia, ya que “consiste en la igualdad, porque la ley de ésta prescribe que los ricos no tengan más parte del público gobierno que los pobres, ni que los unos ni los otros sean señores de él, sino que todos sean semejantes. Porque si la libertad, según el parecer de algunos, y la igualdad consisten principalmente en la democracia, de esta manera la habrá completamente si todos por igual participaran del gobierno“.

Según el filósofo, la democracia se basa en la promulgación de leyes, las cuales deben estar bien determinadas y ser conformes a la manera del gobierno de la República, y, por tanto, han de ser justas las de las buenas repúblicas. Al fin y al cabo, « …la ley no es otra cosa sino cierto orden, y el estar una República bien regida por leyes no es otra cosa que estar bien ordenada, y lo que en número excede por extremo no puede ser administrado con orden y concierto».

Aristóteles advierte que “en los tiempos pasados, cuando eran una misma cosa el capitán del pueblo y el de la guerra, mudábanse las democracias en tiranías, porque casi todos los tiranos procedieron de los lisonjeadores del pueblo».

Como dijo Licofrón el Sofista, la ley es un pacto que sale fiador de unos por los otros en las cosas justas; pero no es bastante para hacer buenos y justos a los ciudadanos. Por consiguiente, el filósofo añade en su libro de la «Política» que «la ley no tiene fuerza para persuadir si no es por la costumbre, y ésta no se confirma sino en largo tiempo. De manera que mudar fácilmente las leyes recibidas en otras leyes nuevas es hacer que la fuerza de ellas sea escasa o nula».

La pregunta ahora sería la siguiente:

¿Cuales son aquellas leyes las cuales hacen posible que la virtud con buen derecho usurpe la mayor dignidad?

Aristóteles responde en su libro la “Ética Nicomáquea” que “la política se sirve de las demás ciencias y prescribe, además, qué se debe hacer y qué se debe evitar, el fin de ella incluirá los fines de las demás ciencias, de modo que constituirá el bien del hombre”. Por consiguiente, la ley tendría como objetivo la conquista de la paz social, ya que según el filósofo “procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y ciudades”.

Sin embargo, profundiza mucho más sobre aquellas condiciones necesarias que llevan a los hombres a vivir de manera armónica con los demás ciudadanos. Y esto no pasa exclusivamente con la promulgación de una ley que les obligue a vivir y comportarse de una determinada manera. Como dijo, en su obra la “Política” toda ley debe estar siempre acompañada de la costumbre para que de verdad exista una aplicación efectiva de la norma de manera consciente.

Consecuentemente, el elemento imprescindible que realmente influye en la creación de sociedades más pacíficas es la promoción de la amistad entre los ciudadanos. Aristóteles reconoce en la “Ética Nicomáquea” que “sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todos los otros bienes; incluso los que poseen riquezas, autoridad y poder parece que necesitan sobre todo amigos”. Por tanto, “… los que quieren el bien de sus amigos por causa de éstos son los mejores amigos”.

Según Aristóteles, el problema surge cuando cada uno quiere ser el que manda, lo cual provoca que surja la discordia. Para explicar este fenómeno, el filósofo pone el ejemplo recogido en la obra de Eurípides conocida como “Las fenicias”, en la cual tanto Eteocles como Polinices, ambos hijos de Edipo, querían reinar en Tebas.

Ante este problema, Aristóteles propone que se utilice la concordia entre los seres humanos, la cual parece ser que “… es una amistad civil, pues está relacionada con lo que conviene y con lo que afecta a nuestra vida”.

¿Pero donde puede encontrarse dicha concordia?

Según el filósofo, “tal concordia existe en los hombres buenos, puesto que éstos están de acuerdo consigo mismos y entre sí; teniendo lo mismo en la mente, por así decir (pues sus deseos son constantes y no fluctúan como las aguas en el Euripo), quieren lo que es justo y conveniente, y a esto aspiran en común”.

La amistad es una comunidad de intereses mutuos y la disposición que uno tiene para consigo mismo la tiene para el amigo. Esta actividad amistosa surge en la convivencia, a la cual todos los amigos aspiran. Y es solo así como de forma consciente que los amigos expulsan la discordia entre ellos, evitando de esta manera la enemistad, el conflicto y la guerra entre los pueblos.

Fuente: Paz sin Fronteras