Beethoven

Como muy bien definiría la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona, en la música clásica encontramos numerosos ejemplos, a partir del Renacimiento hasta nuestros días, de compositores que decidieron responder musicalmente a los conflictos y acontecimientos que han sucedido en el mundo, o en sus propios países, utilizando la música como portavoz de la paz.

Entre estas grandes obras artísticas destaca, la Sinfonía n.º 9 en re menor, op. 125, conocida también como “Coral”, escrita por el compositor alemán Ludwig van Beethoven. Es una de las obras más trascendentales, importantes y populares de la música y el arte. Su último movimiento es un final coral sorprendente que se ha convertido en símbolo de la libertad y la paz.

Esta obra marcó el desarrollo en la música del siglo XIX. En su último movimiento, Beethoven puso música al poema titulado “Oda a la alegría” compuesto por el poeta alemán Friedrich von Schiller. Fue la primera vez en la historia que la voz humana fue incluida en una obra sinfónica.

La sinfonía se presentó por primera vez en Viena el 7 de mayo de 1824. Su influencia desde entonces se ha extendido mucho más allá del campo de la música. El trabajo ha inspirado a poetas, escritores y artistas, y ha provocado debates y discusiones estéticas y filosóficas. Sobre todo, la sinfonía ha querido transmitir en todo momento a las personas de buena voluntad su mensaje de alegría y la fraternidad global de la humanidad. Otros grandes compositores, tales como Schubert, Berlioz, Brahms, Wagner, Bruckner, Mahler, y muchos otros, han recibido la influencia de esta gran obra de arte.

En 2001, la partitura original de la sinfonía se inscribió en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, donde forma parte, junto con otros sobresalientes monumentos, de la herencia espiritual de la humanidad.

En el mundo de hoy castigado por los conflictos y las guerras, Beethoven y Schiller siguen representado el testimonio vivo y actual del compromiso del ser humano con los valores supremos de la paz, el diálogo y la solidaridad. Y como expresó el Coro de la Sinfonía de manera solemne:

¡Alegría, bella chispa divina, hija del Elíseo!

¡Penetramos ardientes de embriaguez,

¡Oh celeste, en tu santuario!

Tus encantos atan los lazos

que la rígida moda rompiera;

y todos los hombres serán hermanos

bajo tus alas bienhechoras