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Friedrich Schiller (Marbach am Neckar, 10 de noviembre de 1759 – Weimar, 9 de mayo de 1805), fue un poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán. Se le considera, junto a Goethe, el dramaturgo más importante de Alemania, así como una de las figuras centrales del clasicismo de Weimar.

La obra de Schiller no sólo fue acogida con entusiasmo en Alemania, sino también en otros países europeos, como por ejemplo en la todavía no unificada Italia, así como en la Rusia de los zares. Para muchos Schiller era el poeta de la libertad, ya que consiguió acercar a los lectores los ideales dieciochescos de razón y humanidad. Destacó que la ley fundamental del reino de la belleza representada mediante el arte es dar libertad por medio de la libertad.

La paz está profundamente impregnada en toda la obra del poeta Schiller. Según el filósofo español Menéndez Pelayo, el famoso poema de 430 versos conocido como “La canción de la campana” representa el más humano y el más lírico de todos los cantos alemanes, y quizá la obra maestra de la poesía lírica moderna. Esta composición poética no sólo se convirtió en un símbolo de la fraternidad entre los seres humanos, sino que inspiró los movimientos pacifistas que empezaban a recorrer a Europa en el s. XIX. Schiller definió la paz de la siguiente manera:

Paz preciosa
Dulce concordia
¡Quedaos, quedaos
Amigablemente sobre esta ciudad!
¡Que nunca llegue el día
En el que las hordas de la guerra feroz
Recorran desenfrenadas este apacible valle,
En el que el cielo
Al que pinta encantadoramente
El suave rojo del atardecer
Refleje con espanto el salvaje incendio
De pueblos y ciudades!

En su ensayo filosófico conocida como las “Cartas sobre la educación estética del hombre”, Schiller continúa diciendo que “cuando se hace la luz en el hombre, ya no hay más noche fuera de él; cuando alcanza la paz, se aplaca también la tormenta del universo, y las fuerzas naturales en pugna encuentran la calma entre límites permanentes”.

Sin embargo, la obra dramaturga y poética en la que el poeta fue capaz de desarrollar con mayor profundidad la noción de la paz fue “Guillermo Tell”. A Schiller, el arte de los sonidos y la música jamás lo dejaba indiferente. El poeta romántico era un defensor, tanto de los maestros de la canción alemana como de los grandes de la ópera romántica italiana. De esta manera, la primera escena de Guillermo Tell abunda en rúbricas musicales particularmente sugestivas. Adicionalmente, en la escena central de la obra, la tercera del cuarto acto, el poeta compone un momento de compleja ironía dramático-musical, digna de Puccini.

Stauffacher, uno de los protagonistas de la obra de Tell, destaca sobre el significado que la noción de paz tiene para los seres humanos, lo siguiente “Que cada uno siga ahora en silencio su camino y se dirija a donde sus amigos y compañeros. Que el pastor lleve a invernar en paz sus rebaños y gane sigilosamente amigos para la confederación”.

Para Schiller la paz basada en la libertad y la justica no es solamente una pura aspiración de la humanidad, sino que incluso es considerada como un derecho innato que debería ser disfrutado por todos los seres humanos. En la obra de Tell, Walter Furst subraya que este derecho es tan puro y tan claro como el día en su pleno y completo resplandor. Stauffacher también destaca que este derecho es resplandeciente.

Sobre el origen de este derecho, Stauffacher sigue diciendo: “Cuando el oprimido no encuentra justicia en ningún sitio, cuando la carga se le hace insoportable, se dirige a lo más alto: al Cielo. Lleno de confianza y de valor, saca de allí sus derechos eternos que allá arriba permanecen inalienables e indestructibles como las mismas estrellas… Tenemos el derecho de defender el más preciado de nuetros bienes contra la violencia.”

Schiller denuncia abiertamente que la conquista de este derecho deba realizarse de manera violenta. En la obra de Tell, Rosselmann dice que “antes de hacer uso de la espada, reflexionad. Quizá pudierais entenderos amistosamente con el emperador. Solo os costará una palabra”. Respecto a este tema tan particular, Reding añade que “es preciso que intentemos este recurso supremo; en primer lugar, hacer llegar a su oído nuestras quejas, antes de tomar la espada. La violencia es siempre cosa terrible, incluso en una causa justa”. Al final de la obra Walter Furst elogia que se haya alcanzado de la paz y la libertad en la tierra de Suiza sin mediar violencia alguna: !Honor a vosotros por haber alcanzado una victoria pura y no manchada de sangre!”.

Según Schiller, el propósito fundamental del ejercicio de este derecho es la supervivencia de la raza humana. De esta manera, en la famosa escena de la manzana reposanda sobre la cabeza de un niño antes de que fuera objeto de la flecha de Guillermo Tell, Attinghausen dice que “de esta cabeza, sobre la cual estaba colocada la manzana, florecerá para vos una nueva y mejor libertad; lo viejo cae, los tiempos cambian, y una nueva vida surgirá de las ruinas”. Sin embargo, según Stauffacher la alianza de seres humanos libres viviendo en paz no es nueva:

“Nosotros no formamos una nueva alianza; renovamos la antigua amistad que data del tiempo de nuestros antepasados. Sabedlo confederados: sea el lago o sean la montañas los que nos separen, y aunque cada uno de nuestros pueblos se gobierne por sí mismo, somos, sin embargo, de la misma raza y de la misma sangre y procedemos de la misma patria, de la cual emigramos”.

Bajo la influencia de esta misma ensoñación poética, Rosselmann, otro de los protagonistas de la obra de Tell añade que “Queremos formar un solo pueblo de hermanos, a los que no separe ninguna necesidad ni ningún peligro. Queremos ser libres como lo eran nuestros padres”.

Por tanto, como dijo también el pescador sobre Guillermo Tell “él era el único que quedaba que se atreviese a elevar la voz en favor de los derechos del pueblo”. Y Reding añadió que “Yo no puedo extender la mano sobre los libros; por eso juro, ante las eternas estrellas que están en lo alto, que jamás me apartaré del derecho”.