La cultura dominante en la Grecia homérica corresponde a una sociedad guerrera, cuyo más alto elogio se orienta hacia el hombre de fortuna y posición que exhibe su valor defendiendo en guerra y en paz los intereses de su casa y de su feudo.

El noble homérico posee la fortuna que les permite usar armas costosas y eficaces para proteger a los suyos, parientes o súbditos. El héroe homérico puede realizar acciones que demuestren a las claras que no es un hombre prudente, justo o temperante. De esta manera, la Ilíada nos traslada a una época fundamentalmente dominada por el ideal del arete heroica y, por su propio tema, nos ofrece una imagen del héroe cuyo marco exclusivo es el campo de batalla.

Conforme a la Ilíada, el precio de la victoria es la fama pública y el prestigio carismático del vencedor. Es preciso que el honor sea pregonado por los demás, y una vez ganado, debe conservarse. Entonces la fama del guerrero llega hasta el cielo, como los muros de los aqueos, la del escudo de Néstor o la que Atenea desea para Telémaco.

Ulises, uno de los héroes destacados en la Ilíada y la Odisea, no es valiente al modo elemental del guerrero típico, sino que es más bien reflexivo y calculador. Estos rasgos le sitúan fuera del contexto del héroe típico iliádico. De esta manera, Ulises encarna, mejor que ningún otro héroe de la Ilíada, la evolución espiritual que media entre ésta y la Odisea.

Como uno de estos nobles, cuya ocupación es la guerra, ajenos a otro trabajo, se autodescribe una vez Ulises, aunque advierte que ambas cosas son respetables. Sin embargo, el desafío a Eurímaco, el cual encontramos relatado en la Odisea, nos descubre a un Ulises que no sólo sabe sesgar vidas en el campo de batalla, sino que ha aprendido a arar la fértil tierra y a segar las pacíficas espigas de los trigales. Así en el arte evidencia el hombre el poder de su inteligencia, y Ulises es la inteligencia.

Los antiguos comentaristas veían en Ulises al héroe más piadoso de los poemas. Muchos detalles de su comportamiento en la Odisea documentan su piedad. Incluso cuando sufre se abstiene de hacer reproches a los dioses. Nunca les acusa de envidia, como hacen otros en la Odisea.

Mucho más cercano a nosotros que los héroes de la Ilíada es Ulises, el cual es un eterno ideal de Humanidad, uno de los pocos Mitos perdurables del espíritu humano. Desde Homero a nuestros días, la tradición literaria y filosófica universal ha ido descubriendo en Ulises el reflejo de muy diversos ideales.

En el famoso diálogo entre la diosa y Ulises, cuando éste por fin llega a las costas de Ítaca, la diosa destaca: “Por esto no puedo abandonarte en sus desgracias, porque eres civilizado, inteligente y sabes dominarte”. Por tanto, Ulises representa la piadosa justicia, inteligencia y templanza, superando de esta manera los estrechos moldes éticos de una clase social determinada, la del noble guerrero. Este es un ideal abierto al hombre en cuanto hombre, y no en cuanto tal o cual hombre.

En el famoso mito platónico de la elección de destino por las almas, el cual está recogido en la República, el aedo elige la existencia del cisne, el guerrero la del león, Tersites prefiere encarnarse en un mono y el rey Agamenón en un águila. Por su parte, Ulises prefiere vivir la vida, humilde y modesta, de un hombre.

En el nuevo milenio el personaje homérico de Ulises todavía representa la encarnación de los valores de humanidad, trabajo, paz y piedad. A lo largo de nuestra larga historia de guerras y conflictos, estos ideales han seguido siendo transmitidos de generación en generación a través del eterno semidiós Ulises. Hoy más que nunca, la Grecia homérica se sigue desvelando al mundo entero y la pervivencia de su pasado sigue estando gravada en la memoria de la humanidad.

Fuentes: Paz sin Fronteras