La Eneida es un poema épico latino, escrito por Virgilio entre 29 y 19 A.C., que cuenta la historia legendaria de Eneas, un troyano que viajó a Italia, donde se convirtió en el antepasado de los romanos. Comprende 9,896 líneas en hexámetro dactílico. Los primeros seis de los doce libros del poema cuentan la historia de las andanzas de Eneas desde Troya a Italia, y la segunda mitad del poema habla de la guerra finalmente victoriosa de los troyanos sobre los latinos, bajo el liderazgo de Eneas y sus seguidores.

El héroe Eneas ya era conocido por la leyenda y el mito greco-romano, después de haber sido un personaje en la Ilíada. La Eneida es ampliamente considerada como la obra maestra de Virgilio y una de las mejores obras de la literatura latina.

La guerra es un tema común tanto para la épica homérico como para la romana: la guerra que combate Eneas tiene elementos de ambos tipos. Eneas es más bien un personaje romano que homérico. En la Eneida, el personaje está investido con las cualidades propias romanas, tal como la fortaleza, la devoción al deber y la sagacidad política. Utiliza su victoria no para vengarse, sino para unir a los pueblos troyanos y latinos en una paz duradera.

La guerra en la Eneida es un asunto mucho más sombrío que en la Ilíada; no tiene la misma energía vital y eclosión que en la obra de Homero. Aunque tiene el mismo pathos, no conserva el mismo brío. El hecho es que Virgilio no era un hombre de guerra y describe este fenómeno, no como fuente de vida como lo hace Homero, sino como una degradación mezclada por su imaginación a partir de su lectura de la poesía y la historia griega. En verdad, Virgilio odiaba la guerra. Eso se desprende tanto de las crueles realidades que se esconden detrás de las ficciones idílicas de las Églogas o que emergen en la primera parte de las Geórgicas, dos obras en las cuales las guerras civiles vividas durante su juventud le han dejado una profunda marca. Como consecuencia de la guerra, siente una tristeza enorme al ver como se destruye la felicidad y la prosperidad humana y a su vez destruye el campo. Así Virgilio da la bienvenida al joven Octavio el cual aparece como el libertador divino y el creador de la paz y la restauración.

Virgilio caracteriza la guerra con epítetos latinos como horridum, infandum, lacrimabile, crudele, triste, y condena este fenómeno con una frase mordaz y exhaustiva: “scelerata insania belli” (la demencia infame de la guerra).

Eneas no pierde la oportunidad de erigirse en conciliador o de crear una predisposición para la paz, como cuando concede la tregua a los latinos, o devuelve el cuerpo de Lausus a su gente, o se ofrece para limitar el conflicto general al reunirse con Turnus en pleno combate con el objetivo de garantizar la seguridad de ambos pueblos. Este es el Eneas que emerge como el héroe del poema.
Eneas no es un soldado en busca de fortuna, no es un mercenario. Su único objetivo es encontrar la tierra prometida por el destino y asentar allí a sus seguidores en una nueva ciudad de Troya. En el Séptimo Libro de la Eneida, la petición formulada por sus embajadores al Rey Latino es completamente de carácter pacífico:

“De ese diluvio arrasador sobre tantos océanos, rogamos a los dioses de nuestro país un pequeño asentamiento, y una costa, agua y aire inocuo, que estén abiertos a todos”.

Todo el énfasis de esta primera parte del Séptimo Libro reside en la paz. Los troyanos ruegan por la paz. Sus enviados portan los emblemas de la paz, Latino les promete la paz y finalmente, los embajadores regresan a Eneas como los portadores de este ideal.

Fuentes: Paz sin Fronteras