Agustín nació en el año 354 D.C en Thagaste, hoy llamado Souk Ahras (Argelia). Este erudito africano fue un teólogo y filósofo cristiano primitivo de la provincia romana de Numidia, cuyos escritos influyeron en la filosofía occidental. Inventó la noción de «tranquillitas ordinis», que es una frase latina que significa « tranquilidad del orden » o « concordia bien ordenada ».

El término siempre ha sido asociado con la tradición católica romana de la teoría de la guerra. El significado incluye el orden divino impuesto al universo y un marco teórico para la paz. «Tranquillitas ordinis» sigue siendo una piedra angular de la enseñanza católica sobre la paz. Fue incluida en la famosa encíclica, Pacem in Terries, preparada por el Papa Juan XXIII en 1963.

Agustín de Hipona define el término « Tranquillitas Ordinis » en el Libro 19 de la Ciudad de Dios como « la paz de todas las cosas » o « concordia bien ordenada ». Agustín vincula la paz con su sentido del orden, en el cual todas las cosas en el universo tienen su lugar apropiado establecido por su creador. La paz es, por lo tanto, el estado que una persona o cosa logra cuando está de acuerdo con el orden creado.

Agustín también describe en el Libro 19 el bien supremo y discute los esfuerzos que la gente realiza para alcanzar la felicidad en la tierra. Mientras que Agustín niega la posibilidad de lograr «tranquillitas ordinis » en la tierra, señala que aún se pueden encontrar aspectos de la paz y la felicidad. Siglos más tarde, Tomás de Aquino continuó la tradición de la paz verdadera como «tranquillitas ordinis» en su Summa Theologica.

En su libro, La ciudad de Dios, que es una piedra angular del pensamiento occidental, Agustín de Hipona describió que « la paz y la guerra disputan la crueldad, pero la paz prevalece. La guerra golpea a los hombres armados, la paz los desarma para golpearlos … « .

Andrej Zwitter y Michael Hoelzl describieron que con la noción de « pax universalis », Augustín introduce la reinterpretación de la noción de «eudaimonia». La paz universal no solo debe entenderse como una paz monodimensional, sino como una concepción de la paz que debe prevalecer entre dos estados.

Estos autores también dijeron que Agustín introdujo, junto a las dimensiones éticas y teológicas de la paz, una dimensión política de la paz: la concordancia bien ordenada entre los hombres. Esta concordia bien ordenada es una cualidad que se aplica a diferentes formas de relaciones: en la familia como la paz doméstica y dentro del estado -una primera alusión a los contratos sociales- como la paz civil. En el capítulo 15 del libro IV, Agustín extiende esta paz universal basada en la concordia bien ordenada también a los reinos entre sí.

Finalmente, Agustín define la guerra como una privación o corrupción de la paz. Esta idea se remonta al pensamiento aristotélico y platónico de que una cosa es llamada buena si cumple su naturaleza y mala si no cumple con su forma perfecta.

Fuentes: Paz sin Fronteras