Hace más de tres mil años, Ramsés II, el faraón egipcio y el emperador Hattusilis III firmaron uno de los tratados de paz más antiguos de la historia del mundo. El tratado de paz puso fin a la guerra hitita-egipcia que duró más de 80 años. Las dos antiguas superpotencias finalmente terminaron la guerra con el tratado en 1276 AC. Si bien el tratado no fue el primero en la historia del mundo, es el más antiguo conocido que se concluyó entre dos estados independientes con igual poder y estatus. Se puede ver una réplica en bronce del tratado en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Es considerado como uno de los mejores ejemplos en la historia diplomática.

El Tratado Hitita Egipcio supuso el fin a la larga guerra entre los dos imperios. En el centro del conflicto estaba la tierra que tanto los egipcios como los hititas querían gobernar. La tierra es hoy conocida como Siria, y la guerra muestra el valor geopolítico del país incluso hace tantos siglos. Durante más de dos siglos, los imperios lucharon por la supremacía sobre Siria. Sin embargo, el conflicto culminó con la invasión egipcia de Siria en 1274 AC.

El tratado en sí contiene más de 20 principios y obligaciones para ambas partes, incluido un derecho a la paz emergente. Sin embargo, algunos de los puntos clave son los siguientes:

El tratado hitita claramente reconoció en forma de tablilla de plata la obligación de « establecer para siempre entre ellos una buena paz y una buena fraternidad…Él es un hermano para mí y está en paz conmigo; y soy un hermano para él y estoy siempre en paz con él…El país de Egipto y el país de Hatti estarán para siempre en un estado de paz y de fraternidad, tal como estamos con nosotros mismos… La Paz y la fraternidad no dejan lugar a cualquier enemistad ».

El vínculo entre el derecho a la vida y la paz, el cual fue recogido en la Carta de las Naciones Unidas unos miles años después, ya se había elaborado en el tratado hitita de la siguiente manera: « Miren, el país de Egipto y el país de Hatti viven para siempre en paz y fraternidad ».

La tercera obligación es que ninguno de los bandos atacará al otro y que el tratado estará vigente hasta el final de los tiempos. Ni los egipcios, ni los hititas deberían y podrían ocupar la tierra perteneciente a la otra nación. Además de terminar la guerra entre los dos imperios, el tratado también forjó una alianza entre las dos partes en futuras guerras con un tercer enemigo. El tratado también regula la posibilidad de que los presos de un país puedan solicitar asilo en el otro país.

Fuentes: Paz sin Fronteras