Hans Küng (Suiza, 19 de marzo de 1928) es un teólogo suizo y uno de los autores más prolíficos en temas de paz y religión del mundo. Es Profesor emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga desde 1996. Desde 1995 es fundador y presidente de la Fundación por una Ética Mundial. Esta organización promueve básicamente el diálogo interreligioso como base para iniciar los procesos que conlleven a la paz mundial. Su lema es: “No habrá paz mundial sin paz entre las religiones, no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones”.

En su famoso libro “Proyecto de una ética mundial” de 1991 destaca que después de las dos guerras mundiales, la humanidad se encuentra ante el cambio del paradigma moderno al posmoderno, ante un cambio global de constelación en donde empiezan a dominar los valores de la imaginación o la sensibilidad.

Según este autor, el mensaje para el tercer milenio podría concretarse así: responsabilidad de la comunidad mundial con respecto a su propio futuro. Responsabilidad para con el ámbito común y el medio ambiente, pero también para con el mundo futuro. Por tanto, el hombre ha de explotar su potencial humano, en aras de una sociedad humana y un ecosistema saludable, cambiando básicamente de rumbo de actuación.

También dice que las guerras en modo alguno pertenecen a la naturaleza humana, no son innatas, sino adquiridas, y, por tanto, pueden ser sustituidas por regulaciones pacíficas y no violentas de los conflictos. En la era atómica, una guerra entre potencias atómicas sería suicida.

El autor añade que para conquistar la paz en el mundo, el mismo Derecho necesita un fundamento moral. De poco sirve a los diversos Estados y organizaciones la constante creación de nuevas leyes, si una gran parte de ciudadanos no piensa lo más mínimo en aceptarlas. ¿Qué sentido puede tener un orden mundial sin un talante ético para toda la humanidad?

Así una ética moderna requiere hoy el contacto con las ciencias de la naturaleza y del hombre: contacto con la psicología, la sociología, la crítica social, la biología, la historia de la cultura y la antropología filosófica, entre otras.

En dicho contexto, Küng destaca que “la apertura al diálogo es en definitiva una virtud de actitud de paz. Su carácter profundamente humano se acentúa aún más por su fracaso a través de la historia. Cuando se rompen las negociaciones, irrumpen las guerras, tanto en lo privado como en lo público. Cuando fracasa el diálogo, comienzan las represiones, impera el férreo derecho del más fuerte, del superior, del más hábil. Quien dialoga no dispara… Quien está por el diálogo ha de poseer fuerza y valentía para mantenerlo y para respetar, cuando es necesario, el punto de vista del otro”.

El centro de dicho diálogo debería girar entorno al respeto de la dignidad del ser humano en cuanto tal, añade el teólogo. Esta dignidad humana requiere racionalidad y madurez, libertad de conciencia y religión, y sobretodo el respeto de todos los derechos humanos que a lo largo de la historia se han ido creando e imponiendo.