Tomás Moro (1478-1535) fue un jurista inglés, humanista y estadista. Su amistad con el erudito holandés Erasmo de Rotterdam fue crucial para el desarrollo de sus propias ideas sobre los estudios literarios, en particular el resurgimiento del griego, y sobre las posibilidades sociales de la educación.

En su libro más famoso, Utopía, Tomás Moro se imagina una nación insular perfecta donde todos viven en paz y armonía, y donde los hombres y las mujeres están perfectamente educados. Utopía es un nombre griego cuya acuñación proviene de Moro, de ou-topos (“no lugar”). En definitiva, es un juego de palabras de eu-topos (“buen lugar”), el cual introduce en un poema prefacio. Esta visión de un mundo ideal es también una sátira mordaz de la Europa del siglo XVI, libro el cual ha sido enormemente influyente desde su publicación, dando forma incluso a la ficción utópica en los tiempos actuales.

A través del diálogo y la correspondencia entre el protagonista Rafael Hythloday y sus amigos y contemporáneos, Moro explora las teorías sobre la guerra, los desacuerdos políticos, las disputas sociales y la distribución de la riqueza y a su vez imagina la vida cotidiana de aquellos ciudadanos que se liberan del miedo, la violencia y el sufrimiento.

La apertura de la Utopía plantea a la vez una cuestión fundamental: la relación entre la imaginación y la experiencia. Esta fusión de mundos, real e imaginario, prepara al lector para la tensión platónica entre dos ciudades -la del nacimiento del filósofo y la que crea con sus palabras. En cada uno de los episodios ilustrativos, el cual Moro incluye en el Libro I, Rafael apela a una tierra imaginaria la cual proporciona una alternativa al orden establecido. En cierto sentido, todos estos episodios preparan al lector sobre el relato de la utopía.

El principio central que subyace en el estilo de vida de los Utopistas es que debería dedicarse más tiempo al cultivo de la mente, ya que consideran que en este espacio puede encontrarse la felicidad. Este requisito puede cumplirse con un extraordinario reparto del trabajo en el que todos los ciudadanos trabajen sólo durante seis horas al día; solo para satisfacer sus necesidades, dejándole un mayor margen de ocio para las actividades intelectuales.

En este mundo ideal, Moro denunció en su Libro II la existencia de la guerra de la siguiente manera:

«Abominan en gran manera la guerra como cosa bestial, ya que ni las fieras más fieras la hacen tanto como el hombre. Por ello, y al revés de lo que ocurre en todas partes, nada tienen por tan infame como la gloria adquirida por las guerras».

De acuerdo con este famoso humanista, el problema de este mundo reside en que ” la mayoría de los príncipes dedican más tiempo a los asuntos de la guerra que en las artes útiles de la paz”. En esta línea, Tomás Moro destacó que “es mejor evitar la guerra a través del dinero o el artificio, que hacer la guerra provocando un abundante derramamiento de sangre”.