Albert Einstein (14 de marzo de 1879 – 18 de abril de 1955) fue un físico teórico de origen alemán. Desarrolló la teoría de la relatividad, uno de los dos pilares principales de la física moderna. El trabajo de Einstein es también conocido por su influencia en la filosofía de la ciencia. Einstein es más conocido por el público en general por su fórmula de equivalencia masa-energía E = mc2. Recibió el Premio Nobel de Física de 1921 “por sus servicios a la física teórica, y especialmente por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico”, un paso fundamental en la evolución de la teoría cuántica.

Albert Einstein tuvo dos pasiones públicas. Uno era su trabajo: era un científico dedicado e innovador. La otra era la paz, a la cual se comprometió durante toda su vida. Hasta su muerte, y a pesar de su mala salud, Einstein dedicó gran parte de su energía en campañas de paz.

Dijo que “mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me posee porque el asesinato de hombres es abominable. Mi actitud no se deriva de la teoría intelectual sino que se basa en mi más profunda antipatía hacia todo tipo de crueldad y odio”.

Para Einstein, “la ciencia es un instrumento poderoso. La forma en que se utiliza, será una bendición o una maldición para la humanidad. Depende de la humanidad y no del instrumento. Un cuchillo es útil, pero también puede matar”. En 1922, Einstein escribió un artículo en un manual de carácter pacifista, en el que decía que “quien aprecia los valores de la cultura no puede dejar de ser un pacifista … El científico responde de manera natural a los objetivos pacifistas debido a la naturaleza universal de su tema y a su dependencia de la cooperación internacional. El desarrollo de la tecnología ha hecho que las economías del mundo sean interdependientes, por lo que cada guerra tiene efectos mundiales”.

En el contexto de la Primera Guerra Mundial, un prominente pacifista alemán lanzó en 1914 el “Manifiesto a los europeos”, mediante el cual desafiaba al militarismo y clamaba por una unidad pacífica de carácter europeo. “La gente educada de todos los países debe usar su influencia para lograr un tratado de paz que no engendre las semillas de las futuras guerras”. Sólo otras tres personas fueron lo suficientemente valientes como para firmar este manifiesto de paz; uno de ellos fue Einstein.

Después de la Guerra, Einstein destacó la importancia de la Sociedad de Naciones en los siguientes términos: “cuando comprendamos la importancia de la interdependencia del mundo, podremos reunir la energía y la buena voluntad necesarias para crear una organización que haga imposible la guerra”. Él, junto con otros renombrados intelectuales, como Marie Curie, fue invitado a formar parte del Comité de Cooperación Intelectual de la Liga, con el objetivo de movilizar a la intelectualidad internacional para trabajar por la paz.

En el décimo aniversario de la Sociedad de Naciones en 1930 Einstein dijo: “Rara vez me entusiasma lo que la Sociedad ha logrado o no logrado, pero siempre estoy agradecido de que exista”.

En 1928 Einstein comenzó a hacer público su apoyo a la “negativa absoluta del servicio militar”. Con otros pacifistas internacionales, firmó un manifiesto contra el reclutamiento militar.

En una carta al New York Times de 1945, Einstein citó unas palabras pronunciadas por Franklin Roosevelt: “Nos enfrentamos al hecho preeminente de que si la civilización debe sobrevivir entonces debemos cultivar la ciencia de la relación humana – la capacidad de los pueblos de todos clases para vivir y trabajar juntos en el mismo mundo, en paz”. Einstein continuó diciendo: “hemos aprendido, y hemos pagado un precio terrible por aprender. Vivir y trabajar juntos se puede hacer de una sola manera – bajo el imperio de la ley. A menos que no prevalezca esta idea, la humanidad estará condenada”.

En cuanto a la creación de las Naciones Unidas, Einstein señaló que “al igual que utilizamos nuestra razón para construir una presa para encauzar un río, ahora debemos construir instituciones que puedan contener los temores y sospechas que mueven a la gente y a sus gobernantes. … No tenemos que esperar un millón de años para usar nuestra capacidad de razonar. Podemos y debemos usarlo ahora, o la sociedad humana se hundirá en una nueva y terrible edad oscura”.

En 1955 Bertrand Russell y Einstein prepararon una declaración pública sobre los peligros derivados de la guerra nuclear, en la cual sugirieron que se renunciara a dichas armas. “Tenemos que aprender a pensar de una manera nueva. Tenemos que aprender a preguntarnos qué pasos se pueden tomar para evitar un combate militar el cual sería desastroso para todos”. Esta fue una de sus últimas acciones públicas de promoción de la paz.

La idea de crear una Academia Mundial para las Artes y las Ciencias (WAAS) se hizo eco en la década de 1950 por aquellos principales científicos preocupados por el mal uso de los descubrimientos científicos. Entre ellos se encontraban Albert Einstein, J. Robert Oppenheimer y Joseph Rotblat; Bertrand Russell, filósofo y pacifista; Joseph Needham, cofundador de la UNESCO; Lord Boyd Orr, primer Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación o George Brock Chisholm, primer Director General de la Organización Mundial de la Salud. El espíritu de la academia puede expresarse en las palabras de Albert Einstein: “Las creaciones de nuestra mente serán una bendición y no una maldición para la humanidad”.