Eirene fue una de las Horas, la personificación de la paz. Ella fue representada en el arte como una bella joven llevando una cornucopia, un cetro y una antorcha. A menudo se dice que es hija de Zeus y Temis.

Fue particularmente bien considerada entre los ciudadanos de Atenas. Después de una victoria naval sobre Esparta en el año 375 A.C., los atenienses crearon el culto a la paz y la erigieron en altares. Para conmemorar la paz tras esa famosa victoria, en el año 371 A.C los atenienses erigieron una estatua votiva en su honor en el Ágora de Atenas y crearon un sacrificio anual de Estado. La estatua fue realizada en bronce por Cefisodoto el Viejo, probablemente el padre o tío del famoso escultor Praxiteles. Dicha obra fue muy bien acogida por los atenienses, que la representaron en jarrones y monedas.

La referencia a la figura de Eirene en la literatura griega clásica ha sido una constante a lo largo de su historia. En particular, famosos escritores, dramaturgos y poetas se han referido a este símbolo en sus obras artísticas, marcando así profundamente la civilización griega, tales como: Hesíodo, Homero, Píndaro, Esquilo, Eurípides, Euforio de Calcis, Aristófanes y Diodoro Sículo.

Su equivalente romano era Pax. La adoración a la diosa de la Paz se creó durante el gobierno de Augusto. En el Campo de Marte, ella tenía un templo llamado Ara Pacis y otro templo en el Foro Pacis. Hubo un festival en su honor el 3 de enero. Hija de Júpiter y la Justicia, la paz a menudo se le asocia con la primavera.

Su estatua en Atenas estaba al lado del Anfiareo, llevando en sus brazos a Pluto, el dios de la riqueza. En Roma la Paz tenía un templo magnífico, el cual fue construido por el emperador Vespasiano. La figura de Eirene o Pax aparece en monedas, y está representada como una hembra joven, sosteniendo en su brazo izquierdo una cornucopia y en su mano derecha una rama de olivo o el bastón de Hermes.

Ovidio en su famoso poema llamado Fastos definió a la diosa Pax de la siguiente manera:

“Toca tu pelo peinado con los laureles del Actium, Pax (Paz); estés presente, y apacigües todo el mundo. Que no haya enemigos, ninguna causa para el triunfo; le darás a nuestros líderes más gloria que guerra. Que el soldado baje sus armas para relajar sus brazos, y las feroces trompetas no exploten más que la pompa….Agreguemos su incienso, sacerdotes, a las llamas de la Paz, dejando caer a una víctima blanca con la frente empapada. Que la casa que procura la paz la posea para siempre y pida a los dioses su favor mediante oraciones piadosas”.

Fuentes: Paz sin Fronteras