Samuel Taylor Coleridge (21 de octubre de 1772 – 25 de julio de 1834) fue un poeta inglés, un crítico literario, un filósofo y un teólogo que, con su amigo Wordsworth fundaron el movimiento romántico en Inglaterra. Su trabajo crítico, especialmente sobre la figura de William Shakespeare, influyó de manera decisiva, y ayudó a introducir la filosofía idealista alemana en la cultura anglosajona.

Su contribución poética a la causa de la paz fue decisiva para el movimiento del romanticismo inglés. La denuncia de la guerra como algo maligno para toda la humanidad fue una constante en toda su obra. Así en su poema conocido como “La guerra todavía viola el inacabado trabajo de la paz”, Coleridge dice lo siguiente:

“La guerra y todas sus temibles vicisitudes
Regocijan con agrado sus corazones estancados;
Sus esperanzas, sus temores, sus victorias, sus derrotas,
¡Condimento apasionado de la realeza insípida!
Por lo tanto, ileso y sin lucro,
(Víctimas y verdugos a la vez)
Los labradores congregados depositan desechos
sobre la viña y la cosecha. Como a lo largo
de la costa de Botnia, o hacia el sur de la Línea…”

En este mismo poema el poeta reconoce que los tiempos de la paz han sido siempre cortos a lo largo de la historia y que la guerra ha dominado el destino de los hombres durante los últimos siglos. Sin embargo, considera que al final la paz se impondrá sobre la guerra.

“La Paz corta cubrirá las heridas de la guerra sin causa,
Y la guerra, con sus tensos nervios tejidos de nuevo,
todavía violan las obras inacabadas de la Paz.
¡Pero allí está la mirada! Para más demandas de tu vista!
De inmediato desde la isla opuesta
un vapor navegó, como cuando una nube, exhala
desde los campos de Egipto, el vapor expulsa una pestilencia caliente,
Viaja por el cielo para muchos una liga sin rastro,
Hasta encontrar alguna tierra condenada a la muerte, lejana en vano,
Por lo tanto, desde la llanura,
frente a la Isla, surgió una nube más brillante,
la cual dirigió su rumbo por donde pasaba el vapor”

En su famoso poema “Fuego, hambruna y matanza: una ecloga de la guerra“, Coleridge relata de manera poética el diálogo entablado entre el fuego provocado por las armas, el hambre que azota a la humanidad en un contexto de guerra y finalmente, las consecuencias humanitarias derivadas de los conflictos a nivel de pérdidas humanas.

Según el poeta, el origen de la guerra debe buscarse en la desconfianza y la enemistad existente entre los seres humanos. Esta situación de enfrentamiento provoca el estallido y la destrucción completa de la paz social, generando a su vez un tormento profundo sobre todas aquellas personas que sufren directamente las consecuencias de esta sinrazón. En su poema “De todas las partes se apresuran las sedientas crías de la guerra”, Coleridge dice lo siguiente:

“La desconfianza y la enemistad han estallado en las bandas
de la paz social: y escuchando la traición acecha
con un fraude piadoso para atrapar la vida de un hermano;
Y las viudas sin hijos gimen sobre la tierra
¡Numerosos lamentos y los huérfanos lloran por el pan!
¡Te defiendo, querido Salvador de la Humanidad!
¡Tú, Cordero de Dios! ¡Tú, príncipe de la paz inocente!
¡De todas las partes se apresuran las sedientas crías de la guerra!”

Coleridge define la guerra en su poema “El demonio guerra y sus asistentes, maníaco suicidio y asesinato gigante” como un estado de absoluta locura, demencia e insensatez de la raza humana, provocada por espíritus absolutamente enloquecidos y paranoicos:

“Pero pronto un profundo sonido gemía hueco:
Negro subió las nubes, y ahora (como en un sueño)
Sus formas enrojecidas, transformadas en guerreros anfitriones,
Corrían por el cielo y batallaban en el aire.
Las grandes gotas de sangre caían del cielo
¡Portentoso! Mientras que en lo alto se veía flotar,
Como rasgos horribles que se avecinan en la niebla,
¡Manchas de luz ominosa! Resignado, pero triste,
La hermosa forma inclinó su frente coronada de olivo,
Luego, la llanura con el ojo revertido
Huyó hasta un lugar de tumbas que encontró, y allí
Dentro de un ruinoso sepulcro oscuro
Encontramos su escondite”

A pesar de las graves consecuencias provocadas por la guerra, Coleridge cree firmemente en la paz como el estado natural de la humanidad. La guerra es una grave enfermedad del alma que necesita ser expulsada de nuestras vidas gracias a los esfuerzos incesantemente de todos aquellos Príncipes de la Paz distribuidos por el mundo:

“¡Paz, paz sobre la tierra! El Príncipe de la Paz ha nacido.
Madre del Príncipe de la Paz,
¡Pobre, simple y sin hacienda!
Esa contienda debería desaparecer, la batalla cesar,
Oh, ¿por qué debería tu alma regocijarse?
La nota más fuerte de la música dulce, la historia del poeta,
¿No amas oír hablar de fama y gloria?
Y la guerra no es un rey juvenil,
¿Un héroe majestuoso vestido?
Bajo sus pasos crecen los laureles en primavera…”

Pero, según Coleridge: ¿Donde puede finalmente encontrarse y hallarse esa paz deseada?

En su famoso poema “La Paz Doméstica”, el poeta sueña con la paz de la siguiente manera:

“Dime, ¿en qué terreno santo
la paz doméstica puede ser encontrada?
Halcyon, Hija de los cielos!
Lejos de las alas temibles ella vuela,
de la pompa del Estado ciego,
Del ruidoso odio del Rebelde,
En un valle cubierto ella mora
¡Escuchando las campanas del sábado!
Todavía alrededor sus pasos son vistos
Impecable honra es más mansa,
El amor, el padre de los miedos agradables,
El dolor sonriendo a través de sus lágrimas,
Y consciente de los tiempos pasados
Memoria, primavera de la alegría”

Fuente: Paz sin Fronteras