Rousseau_Geneve

Jean-Jacques Rousseau (28 de junio de 1712 – 2 de julio de 1778) fue un filósofo, escritor y compositor francófono de la época del siglo XVIII. Su filosofía política influyó en la Ilustración en Francia y en toda Europa, así como en la Revolución Francesa y el desarrollo del pensamiento político y educativo moderno.

Los escritores alemanes Goethe, Schiller y Herder han afirmado que los escritos de Rousseau los inspiraron. Herder consideraba a Rousseau su “guía”, y Schiller comparaba a Rousseau con Sócrates. Goethe, en 1787, declaró: “Emilio y sus sentimientos tuvieron una influencia universal en toda mente cultivada”. Otros escritores que recibieron su influencia fueron Leopardi en Italia; Pushkin y Tolstoi en Rusia; Wordsworth, Southey, Coleridge, Byron, Shelley y Keats en Inglaterra; y Hawthorne y Thoreau en América.

El interés del filósofo ginebrino por los asuntos de la paz y la guerra fueron siempre una constante en toda su obra. Así, en su «Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres» de 1755, el filósofo Rousseau destaca que el origen de la guerra debería buscarse en el eterno conflicto en donde el más fuerte intenta siempre imponerse sobre el más débil. Esta situación ha conllevado que exista un estado constante de guerra en el mundo, provocando incluso la misma ruina de la humanidad.

«Entre el derecho del más fuerte y el del primer ocupante alzábase un perpetuo conflicto, que no se terminaba sino por combates y crímenes. La naciente sociedad cedió la plaza al más horrible estado de guerra; el género humano, envilecido y desolado, no pudiendo volver sobre sus pasos ni renunciar a las desgraciadas adquisiciones que había hecho, y no trabajando sino en su vilipendio, por el abuso de las facultades que le honran, se puso a sí mismo en vísperas de su ruina».

Sin embargo, tal como añadió Rousseau en su obra «El Contrato Social» de 1762, «el más fuerte no es nunca bastante fuerte para ser siempre el señor, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber. De ahí, el derecho del más fuerte; derecho tomado irónicamente en apariencia y realmente establecido en principio».

Por consiguiente, la guerra al no existir ni en el llamado estado de naturaleza ni en nuestro estado social presente, debería ser considerada un fenómeno contrario a la razón y la ley.

«Es la relación de las cosas y no la de los hombres la que constituye la guerra; y no pudiendo nacer ésta de las simples relaciones personales, sino sólo de las relaciones reales, la guerra privada o de hombre a hombre no puede existir, ni en el estado de naturaleza, en que no existe ninguna propiedad constante, ni en el estado social, en que.todo se halla bajo la autoridad de las leyes».

Rousseau se lamenta de la gran cantidad de crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores infligidos en el mundo desde su mismo origen, a causa de la falta de solidaridad y cooperación entre los seres humanos:

«El primer hombre a quien, cercando un terreno, se lo ocurrió decir esto es mío y halló gentes bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: «¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de nadie!»

En esta misma línea, Rousseau considera que sería vital aprobar reglamentos de justicia y de paz que fueran vinculantes para todas las personas y además, hizo un llamado para que los hombres concentrasen sus fuerzas en la conquista de los principios eternos que los gobiernan:

«Unámonos -les dijo- para proteger a los débiles contra la opresión, contener a los ambiciosos y asegurar a cada uno la posesión de lo que le pertenece; hagamos reglamentos de justicia y de paz que todos estén obligados a observar, que no hagan excepción de nadie y que reparen en cierto modo los caprichos de la fortuna sometiendo igualmente al poderoso y al débil a deberes recíprocos. En una palabra: en lugar de volver nuestras fuerzas contra nosotros mismos, concentrémoslas en un poder supremo que nos gobierna con sabias leyes, que proteja y defienda a todos los miembros de la asociación, rechace a los enemigos comunes y nos mantenga en eterna concordia».

Según Rousseau, la conquista de la paz es fruto de una educación basada en la no-violencia, el altruismo, el desinterés y la filantropía. En su libro «Emilio o De la Educación» de 1762, el filósofo ginebrino destaca lo siguiente:

«Emilio no ama ni los ruidos ni las disputas, no sólo entre hombres, sino tampoco entre los animales. Jamás excita a dos perros para que riñan, ni azuza a un perro para que persiga a un gato. Este espíritu pacífico es efecto de su educación, que no habiendo dado pábulo al amor propio y a una opinión de sí mismo, le ha impedido que buscase sus placeres en la dominación y en la desgracia ajena….De este modo, a Emilio le complace la paz; la imagen de la felicidad es para él halagüeña, y ve como un medio para participar de ella el contribuir a lograrla».

Pero la paz va siempre unida a la libertad, según el pensador, ya que su renuncia es absolutamente incompatible con los derechos de humanidad y la misma naturaleza del ser humano.

Fuente: Paz sin Fronteras