Babilonia fue un antiguo reino ubicado en la antigua Mesopotamia, que existió desde el siglo XVIII hasta el siglo VI A.C. Su capital fue construida sobre el río Éufrates y estuvo dividido en partes iguales a lo largo de sus márgenes izquierdo y derecho, con terraplenes empinados para contener las inundaciones estacionales del río.

Babilonia, y particularmente su capital, encarna la larga tradición como símbolo de la fuerza y la pujanza. Actualmente, los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia y la Torre de Babel se consideran símbolos del lujo y el poder. El espíritu de Babilonia se transmitió a lo largo de los siglos a ciudades como El Cairo, Constantinopla, Roma o la actual ciudad de Nueva York.

El nacimiento de la cultura babilónica estuvo acompañado por una serie de desarrollos culturales importantes en los campos de la astronomía, el derecho, las matemáticas, la ciencia, el arte o la filosofía.

Existen muchas obras literarias babilónicas cuyos títulos nos han llegado a día de hoy. Una de las más ilustres obras fue la “Epopeya de Gilgamesh”, la cual fue elaborada en doce libros. Cada libro contiene la historia de una aventura única en la vida de Gilgamesh, quien fue un héroe de la antigua Mesopotamia. En su cuarto libro titulado “La búsqueda de la vida eterna”, Gilgamesh lloró por su amigo Enkidu y en su profunda amargura Gilgamesh exclamó: “¿Cómo puedo descansar? ¿Cómo puedo estar en paz?

La respuesta de la famosa Epopeya fue:

“Hasta ahora Utnapishtim fue tan sólo humano. En adelante Utnapishtim y su mujer serán como nosotros dioses. ¡Utnapishtim residirá lejos, en la boca de los ríos!”

La filosofía babilónica tuvo una influencia decisiva en el pensamiento griego, particularmente en la filosofía helenística. También se sabe que el filósofo Tales estudió filosofía en Mesopotamia. Este filósofo griego respondió de la siguiente manera a la pregunta “¿Quién es feliz?”:

“Esta es una persona, que disfruta de un cuerpo sano, está dotada de paz mental y cultiva sus talentos”.

El sexto rey de Babilonia, Hammurabi, promulgó el llamado “Código de Hammurabi”, el cual consiste de 282 leyes sobre temas tan diversos como el comercio, la esclavitud, los deberes de los trabajadores, el robo o el divorcio. Este conjunto de leyes es un código de leyes babilónicas de la antigua Mesopotamia, el cual data aproximadamente de 1754 A.C.

El “Código de Hammurabi” es uno de los conjuntos de leyes más antiguos del mundo y también es una de las primeras leyes escritas. Fue redactado en una columna de piedra y tuvo una influencia decisiva en otras civilizaciones. El código de leyes se ordenó en diferentes capítulos, de modo que todos los que leyesen dichas normas supieran lo que la ley les obligaba.

El código ha sido concebido como un ejemplo todavía prematuro de lo que se conoce como una ley fundamental o una constitución primitiva. El código es también uno de los primeros ejemplos en donde se recoge la figura de la presunción de inocencia, al reconocer que tanto el acusado como el acusador tienen la oportunidad de proporcionar pruebas en un procedimiento reglado.

Un precedente importante del derecho internacional humanitario, el cual fue regulado en los tiempos modernos durante los siglos XIX-XX gracias al filántropo suizo Henry Dunant, ya puede contemplarse en el Código de Hammurabi. En particular, su artículo 32 incorpora una normativa específica destinada a la protección y tratamiento para los prisioneros de guerra:

“Si a un soldado o a un militar que ha caído cautivo estando de servicio en una fuerza del rey lo rescata un mercader y logra que vuelva a su ciudad, si su patrimonio [mueble] dan para su rescate, que se lo pague; si su patrimonio no da para su rescate, que sea rescatado por el templo del dios de la ciudad; si el templo del dios de la ciudad no tiene para su rescate, que lo rescate el Palacio”.

En cuanto a los prisioneros de guerra, el tercer Convenio de Ginebra de 1949 desarrolló varios milenios más tarde una normativa mucho más avanzada. De hecho, esta normativa define los derechos específicos de los prisioneros de guerra, incluido su tratamiento y eventual liberación.

En la mitología babilónica, la diosa del amor y la guerra está representada por Isthar. Con diferentes nombres, ella era ampliamente conocida en todo el mundo, lo cual la convirtió en la diosa más popular del panteón de Mesopotamia.

A la luz de una concepción amplia de la paz recogida en el famoso Tratado Hitita-Egipcio, el epílogo del Código enfatiza que el rey Hammurabi es un visionario que trae la paz a sus ciudadanos. Reconoce explícitamente que estas leyes fueron aprobadas públicamente para dar testimonio del derecho justo, para brindar consuelo a cualquiera que busque justicia y para servir de ejemplo a los futuros gobernantes. El Código también subrayó que el objetivo principal del derecho es alcanzar la paz en su reino.

“Yo soy Hammurapi: El Pastor Elegido del divino Enlil, el acumulador de la abundancia y de la opulencia, el que ha llevado a buen fin cuanto concierne a Nippur-Duranki (y es) devoto cuidador del Ekur… el Príncipe Piadoso que hizo brillar el rostro del divino Tishpak, el que preparó banquetes santos al divino Ninazu; el salvador de su pueblo en la dificultad, el que consolidó sus cimientos en medio de Babilonia, en paz…”

Sin embargo, el Código de Hammurabi da un paso hacia adelante en el reconocimiento de la paz como una obligación la cual debe ser respetada por los gobernantes. Los principales beneficiarios de la paz son todos aquellos ciudadanos que viven en el reino. De hecho, todos sus ciudadanos disfrutan del derecho a descansar en paz.

“Los Grandes Dioses me llamaron: yo soy el único Pastor Salvífico, de recto cayado, mi buena sombra se extiende por mi capital, llevé en mi regazo a la gente de Súmer y Acad, han próspero por la Virtud mía, les he permitido reposar en paz, los he resguardado con mi perspicacia”.

Como indicó Brian R. Doak en su investigación “Los orígenes de la justicia social en las antiguas tradiciones religiosas de Mesopotamia”, la existencia de la ley escrita en el antiguo Oriente Próximo es anterior a los códigos legales más antiguos de otras civilizaciones. Además, agregó que a través de los escritos legales de Mesopotamia, hemos recibido las primeras respuestas escritas a las complejas preguntas que ya se plantearon los más grandes filósofos y pensadores sociales durante los últimos cinco milenios:

¿Por qué debemos tratar a las personas de manera justa? ¿Quién merece estar protegido en la sociedad, y en qué medida? ¿Qué es lo que hace a alguien realmente culpable de un crimen? ¿Qué es la justicia?

Según la normativa babilónica, la justicia implica tanto el alivio del sufrimiento que sacude a los pobres, los maltratados y los marginados, como también la convicción y el castigo de los opresores. Por lo tanto, el concepto de la “justicia social” no solo se aplica a los pobres o marginados, aunque estos grupos a menudo se destacan como más susceptibles del abuso y, por lo tanto, son los más necesitados de una específica protección.

Y para finalizar debería recordarse que la primera prohibición de los conflictos armados se recogió en el “Código de Ur-Nammu”, el cual representa el código de derecho conocido más antiguo que existe en el mundo a día de hoy. Fue redactado unos 300 años antes del “Código de Hammurabi”. Su prólogo reconoce, “cuando los dioses An y Enlil otorgaron al dios Nanna la realeza de Ur, en esos días, a Ur-Namma, el hijo nacido de Ninsun, su amado servidor, por su justicia (y) su ecuanimidad; él prohibió la maldición, la violencia y la lucha…”.

Fuente: Paz sin Fronteras