La Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz reconoce que la adhesión a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones es un elemento vital para la promoción de la cultura de paz.

En el desempeño de dicha función, el papel de los padres, los maestros, los periodistas y los intelectuales, quienes realizan actividades científicas, filosóficas, creativas y artísticas resulta fundamental.

Uno de los mayores peligros para la promoción de una cultura de paz es la destrucción ilícita del patrimonio cultural, así como el saqueo y el contrabando de bienes culturales en caso de conflicto armado. Por tanto, el intento de negar raíces históricas y la diversidad cultural en este contexto puede alimentar y exacerbar los conflictos y obstaculizar la reconciliación nacional después de los conflictos, socavando así la seguridad, la estabilidad, la gobernanza y el desarrollo social, económico y cultural de los Estados afectados.

La Fundación Paz sin Fronteras celebra que el pasado 24 de marzo de 2017, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptara por primera vez la resolución 2347 en la cual se afirma que dirigir ataques ilícitos contra lugares y edificios dedicados a la educación, las artes, las ciencias o fines benéficos, o contra monumentos históricos, puede constituir crimen de guerra, en determinadas circunstancias y con arreglo al derecho internacional.

En base a esta histórica resolución, los Estados Miembros están obligados a adoptar medidas preventivas para proteger, en el contexto de los conflictos armados, sus bienes culturales de propiedad nacional y sus bienes culturales de otra índole que revistan importancia nacional, incluso, según proceda, mediante la documentación de sus bienes culturales y su consolidación en una red de “lugares seguros” en sus propios territorios para proteger sus bienes.

Teniendo en cuenta que el arte no es algo que se pueda tomar y dejar y que por tanto, la creación artística es absolutamente necesaria para vivir, tal como diría Oscar Wilde dramaturgo y novelista irlandés-, la protección de las artes y la cultura resulta imprescindible para la creación de sociedades abiertas y proclives a la promoción de una cultura de paz.