La Guerra y la Paz es una novela escrita por el autor ruso Leo Tolstoi, la cual es considerada como una obra central de la literatura mundial y uno de los mejores logros literarios de Tolstoi.

La novela narra la historia de la invasión francesa de Rusia y el impacto de la era napoleónica en la sociedad zarista a través de las historias de cinco familias aristocráticas rusas. La novela fue primero publicada en su totalidad en 1869.

Tolstoi dijo que la Guerra y la Paz “no es una novela, ni mucho menos un poema, y menos aún una crónica histórica”. Las secciones más largas, especialmente los últimos capítulos, son una pura reflexión filosófica sobre la noción de la paz y la guerra. La Enciclopedia Británica dice: “Hoy podemos concluir que ninguna novela inglesa alcanza la universalidad de la Guerra y la Paz del escritor ruso Leo Tolstoi”.

Tolstoi advierte sobre las consecuencias materiales y humanas de la guerra y el conflicto sobre el bienestar de la humanidad de la siguiente manera:

“Después del incendio de Smolensk comenzó una guerra que no tiene parangón posible con ninguna otra de las conocidas hasta entonces. El incendio de ciudades y aldeas, la retirada después de los combates, la batalla de Borodino seguida de un nuevo repliegue, el incendio de Moscú y la caza de merodeadores, la intercepción de los convoyes, la guerra de guerrillas, todo se hacía al margen de las reglas”.

En cuanto a las causas que provocan las guerras, Tolstoi recuerda el largo debate de los historiadores sobre este asunto. Concluye que la causa real de los conflictos siempre proviene de los seres humanos y nunca de una fuerza sobrenatural o divina:

“Los historiadores, habituados a la vieja creencia de la participación divina en las obras humanas, creen que el hecho expresa la voluntad de la persona investida del poder. Pero ni el razonamiento ni la experiencia confirman tal suposición….Sin admitir el concurso divino en la actividad humana no podemos aceptar el poder como causa de los hechos. Desde el punto de vista de la experiencia, el poder no es sino la dependencia entre la voluntad manifestada por el personaje y el cumplimiento de esa voluntad por otros. Para comprender las condiciones de tal dependencia debemos restablecer, ante todo, el concepto de la voluntad, refiriéndola a un ser humano y no a la divinidad”.

En consecuencia, Tolstoi subraya que la guerra es siempre causada por la voluntad de un hombre o de varios hombres.

“Con las complicadas formas actuales de la vida política y social de Europa, ¿se puede idear, acaso, algún acontecimiento que no haya sido prescrito, indicado y ordenado por monarcas, ministros, parlamentos y periódicos? ¿Hay, acaso, una actividad común que no haya sido justificada por la unidad política, los intereses de la nación, el equilibrio europeo o la civilización? Así pues, cada hecho coincide inevitablemente con un deseo expresado y contando con la justificación se presenta como el producto de la voluntad de uno o varios hombres”.

Tolstoi continuó su reflexión planteando la pregunta sobre las razones que llevan al hombre a estar directamente involucrado en la guerra. El príncipe Andrés confesó que su vida en la tierra no le gusta.

“—Dígame— preguntó Pierre, — ¿por qué va usted a la guerra?
—¿Por qué? No lo sé. Es necesario. Además, voy…— se detuvo un instante y prosiguió: — ¡Voy porque la vida que llevo aquí no me gusta!”

Sin embargo, los historiadores reconocen que la actividad de los Estados con las demás naciones se expresa mediante las guerras y que el aumento o la disminución de la fortaleza de una nación dependen del éxito o la derrota de su ejército. Tolstoi subraya que el objetivo final de la guerra es someter al enemigo.

“Por extraños que parezcan los relatos de los historiadores que nos cuentan cómo un rey o emperador, en conflicto con otro emperador o rey, reúne su ejército, lucha con el enemigo, consigue una victoria y mata a tres, cinco o diez mil hombres, gracias a lo cual somete un Estado de millones de habitantes; por incomprensible que sea el hecho de que la derrota de un ejército, centésima parte de las fuerzas de todo un pueblo, lo obligue a someterse, todos los acontecimientos históricos (tal como los conocemos) confirman la exactitud de que los triunfos más o menos grandes del ejército de un pueblo contra otro son causa o, al menos, signos esenciales de que se incrementan o disminuyen las fuerzas de las naciones. El ejército consigue una victoria e inmediatamente aumentan los derechos del país victorioso, en detrimento del vencido. Un ejército sufre una derrota y en seguida, según su importancia, el pueblo se ve desprovisto de ciertos derechos; y si la derrota es completa, la sumisión también lo es. Así viene ocurriendo —según la historia— desde los tiempos más remotos hasta nuestros días”.

El primer paso para crear un mundo más pacífico es realmente desear la paz y rechazar la humillación del enemigo y la guerra como un medio para resolver cualquier tipo de disputa o controversia.

“No quiero utilizar las fortunas de la guerra para humillar a un monarca honrado. «Boyars», les diré: «No deseo la guerra, deseo la paz y el bienestar de todos mis súbditos». Sin embargo, sé que su presencia me inspirará y les hablaré como siempre: clara, impresionante y majestuosa”.

A pesar de las dificultades para terminar con la guerra, Tolstoi cree firmemente en la paz perpetua.

“El abate era interesantísimo, pero no comprende debidamente las cosas. Creo que la paz perpetua es posible, pero no sé cómo decirlo, en todo caso, no mediante el equilibrio político”

En el libro existe una escena en la que dos enemigos se encuentran involuntariamente cara a cara en el campo de batalla, y ambos soldados inmediatamente descubren que son hijos de la misma humanidad. Este sentimiento es la única manera de eliminar la guerra sobre la tierra.

“Estuvieron mirándose durante unos instantes el uno al otro y aquello salvó a Pierre. En aquella mirada, al margen de las condiciones de guerra y del juicio, se estableció entre ambos hombres una relación humana. En aquel breve instante, los dos sintieron de manera vaga una infinita cantidad de cosas: comprendieron que ambos eran hijos de la humanidad, que eran hermanos”.

Fuente: Paz sin Fronteras